Rescatar las memorias en Jalisco

Artículo 19 Oficina para México y Centroamérica a partir de la creación de las plataformas digitales de archivos: Archivos de la Represión, y posteriormente, Archivos de la Resistencia ha fomentado el rescate de las memorias con sobrevivientes, ex militantes y familiares de graves violaciones a los derechos humanos.

En este sitio se recupera la experiencia de trabajo sobre el proceso de construcción y fomento a las memorias desarrollado en Guadalajara, Jalisco, por parte de Artículo 19 en colaboración con el Centro Universitario por la Dignidad y la Justicia “Francisco Suárez, SJ” del ITESO.

Dicho proceso consistió en la realización de una serie de talleres de memoria con ex militantes, sobrevivientes y familiares de víctimas de violaciones graves a los derechos humanos, lo que dio por resultado el proyecto “Cartas Sonoras. Correspondencias para la Ausencia”, y el montaje de una exposición interactiva y sensorial, titulada “Vestir la Represión”. Además, se elaboraron cuatro murales en los barrios de San Andrés y Analco, mismos que fueron elaborados a través de talleres de bocetos participativos con el liderazgo de jóvenes artistas locales. Dichos murales fueron incluidos en el llamado “Circuito por la Memoria”, iniciativa de diversos colectivos de sobrevivientes y familiares de víctimas.

Talleres de “Cartas Sonoras. Correspondencia para la Ausencia”

“Bertha Lilia Gutiérrez Campos “Tita” relee el borrador de una carta dedicada a su hermano Francisco Mercado Espinoza “El Flaco”, desaparecido por el Estado mexicano el 10 de febrero de 1977."

Durante febrero a junio de 2024 se realizaron cinco talleres con más de dos sesiones cada uno, con familiares de víctimas y sobrevivientes de violaciones graves a derechos humanos durante el periodo de violencia por parte del Estado en Jalisco.

El objetivo principal de estos talleres fue el rescate de la memoria y de las historias de vida de las personas desaparecidas o asesinadas extrajudicialmente en Guadalajara, Jalisco.

Decidimos establecer un proceso de acompañamiento con un enfoque psicosocial, ya que las familias y sobrevivientes en la mayoría de las ocasiones no habían tenido apoyo de este tipo para nombrar, verbalizar y canalizar los sucesos violentos vividos en la época.

Se generó un espacio de confianza con familiares y sobrevivientes que contribuyó al ejercicio de escritura, posteriormente a la escucha colectiva de las cartas, y finalizar con la grabación de su carta como un acto de dignificación de las personas desaparecidas o asesinadas. Estos ejercicios se realizaron desde el cuidado, reconociendo las vivencias dolorosas, las prácticas violatorias a los derechos humanos de sus seres queridos y a las que ellas y ellos mismos fueron sometidos, es decir, reconocer las vivencias provocadas por el terrorismo de Estado.

Las primeras sesiones consistieron en contextualizar el periodo y situar geográficamente Jalisco; recordar la historia de la organización barrial, familiar, económica y política, principalmente en la década de los sesenta y setenta en Guadalajara. Posteriormente, se trabajó el significado de las memorias desde las vivencias personales y colectivas, y las narrativas oficiales en contraste a la concepción de la Historia.

Las siguientes sesiones nos dedicamos a conocer y a nombrar las violencias vividas, desde ejercicios prácticos que abordaron colectivamente las marcas personales como la persecusión, tortura, hostigamiento, desaparición, asesinato extrajudicial, abusos y demás violaciones a los derechos humanos. Finalizamos con las formas de afrontamiento, aprendizajes individuales y colectivos para transitar las violencias, transformando las secuelas de las agresiones en diversas formas de resistencia. El centro fueron las prácticas de resiliencia, pero sobre todo las historias de vida de quienes están ausentes que se reflejan de forma escrita y oral en estas Cartas Sonoras. Correspondencias para la Ausencia; actos de memoria y dignificación de colegas y familiares.

Escuchar las ausencias. Cartas Sonoras. Correspondencias para la Ausencia

Nos es vital traer a la memoria a quienes nos faltan; a las personas que fueron asesinadas o siguen desaparecidas desde las décadas de la represión del Estado en México, entre 1960 y 1990. Nos es vital escribirles a quienes buscaron a sus hijos e hijas; a quienes buscaron y buscan justicia. Escribir. Hablar. Escuchar. Eso son estas cartas sonoras: correspondencias para la ausencia. Palabras para construir memoria. Estas cartas fueron realizadas en Jalisco durante 2024, en el marco de una serie de talleres de memoria con acompañamiento psicosocial, organizadas por Artículo 19, Oficina para México y Centroamérica y por el Centro Universitario por la Dignidad y la Justicia “Francisco Suárez, SJ” del ITESO.

“Kiyra Zaragoza, sobreviviente del periodo de violencia de Estado en Jalisco plasma en el papel algunas ideas durante uno de los talleres de memoria y cartas sonoras realizados por ARTICLE 19.”

En la siguiente sección encontrarás las cartas de Alejandra Cartagena; Kyra Zaragoza; Eduardo Cartagena; Bertha Lilia Gutiérrez Campos “Tita”; Carlos Mercado; Jorge y Lucha Pérez Mora; Carlos Sepulveda; y Ricardo Velasco.

Te invitamos a escucharles con detenimiento y a conocerles a través de su voz y palabra.

Alejandra Cartagena escribe dos cartas, dirigidas a su mamá, Leticia Galarza Campos, desaparecida el 5 de enero de 1978, y a su hermano adoptivo Mario Álvaro Cartagena López, el “Guaymas”, sobreviviente de desaparición forzada en la década de los setentas.

Alejandra es hija de Leticia Galarza y David Jiménez Sarmiento, ambos militantes de la Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S).

Kiyra Zaragoza

Kiyra Zaragoza escribió esta carta a su abuela y a su madre, y dedica esta carta a todas las madres buscadoras y guerrilleras. Kyra es sobreviviente del periodo de violencia de Estado, llamado “guerra sucia”. Es hermana de Raúl, Francisco, Netzahualcóyotl, David y Salvador, todos hijos de María de la Paz, todos guerrilleros.

Alejandra Cartagena

Alejandra Cartagena escribe dos cartas, dirigidas a su mamá, Leticia Galarza Campos, desaparecida el 5 de enero de 1978, y a su hermano adoptivo Mario Álvaro Cartagena López, el “Guaymas”, sobreviviente de desaparición forzada en la década de los setentas. Alejandra es hija de Leticia Galarza y David Jiménez Sarmiento, ambos militantes de la Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S).

Ricardo Velasco

Ricardo Velasco le escribe a Efraín Gonzalez Cuevas “El Borre”, asesinado el 29 de agosto de 1973 en la colonia La Esperanza en Guadalajara, Jalisco. Ricardo es ex integrante del Frente Estudiantil Revolucionario (FER), y sobreviviente de desaparición forzada y tortura por parte del Estado mexicano en la década de los años setenta del siglo XX.

Jorge y Lucha Pérez Mora Jorge y Lucha Pérez Mora

Jorge y Lucha Pérez Mora (hermanos), le escriben a su madre Mariquita Mora también conocida como “Gervasia” y a su hermano Enrique Pérez Mora “ El Tenebras”, asesinado en Culiacán, Sinaloa por miembros de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) el 16 de junio de 1976. Enrique fue uno de los dirigentes principales de la Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S).

Lucha y Jorge, como parte de la familia Pérez Mora, recuerdan con orgullo, amor, dignidad y cariño las actividades de militantes de su madre y hermano. Mariquita siempre apoyó a su hijo en la organización política y social, inclusive en la clandestinidad. Para Jorge y Lucha, su hermano Enrique Pérez Mora no se olvida mientras se recuerde y se luche. Enrique vive para no olvidar.

Bertha Lilia Gutiérrez Campos “Tita”

Bertha Lilia Gutiérrez Campos “Tita”, le escribe a Arnulfo Prado Rosas, el “Compa”, asesinado el 23 de noviembre de 1970. El Compa fue uno de los jóvenes dirigentes del Frente Estudiantil Revolucionario (FER), además de pertenecer al grupo barrial “Los Vikingos” en San Andrés, Guadalajara. Tita es ex militante de la Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S).

Carlos Sepúlveda

Carlos Sepúlveda le escribe a Juan Manuel Rodríguez Moreno, “El Clark”, quien murió el 14 de febrero de 1973 tras un incidente en un entrenamiento de la guerrilla en Jalisco. Carlos es ex militante del Frente Estudiantil Revolucionario (FER); ex militante activista de la Liga Comunista 23 de Septiembre e impulsor de los Talleres de Educación y Capacitación Sindical, en el contexto de la insurgencia sindical democrática de los años setenta del siglo XX en Jalisco.

Eduardo Cartagena

Eduardo Cartagena López le escribe a su hermano Álvaro, el “Guaymas”, un testigo clave de las desapariciones perpetradas por el Estado mexicano y un luchador social, fallecido en 2021. Eduardo escribe a la memoria del hombre nuevo conocido como el “Guaymas”.

Carlos Mercado

Carlos Mercado escribe una serie de cartas a su hermano Francisco Mercado Espinoza “El Flaco”, desaparecido por el Estado mexicano el 10 de febrero de 1977. Carlos es hijo de Doña Antonia Espinoza Alatorre, quien buscó amorosamente por años a su hijo Francisco Mercado Espinoza, desaparecido en la década de los setentas en Ciudad Juárez, Chihuahua. Estas cartas también son un homenaje a su madre buscadora.

Este ejercicio fue  significativo para las personas participantes y conjuntamente impulsamos que dichas cartas llegaran a una escucha amplia y colectiva de jóvenes, académicos, periodistas, y público en general. Esto no solo como un acto de dignificación a las víctimas sino como un ejercicio de memoria para conocer y reconocer las violaciones a derechos humanos vividas en este periodo en Jalisco y en México. Alrededor de estas Cartas sonoras. Correspondencias para la Ausencia se gestó la exposición “Vestir la Represión”, de la cual se convirtieron en la pieza sonora principal .

Exposición “Vestir la Represión”

“Las cartas sonoras fueron presentadas por primera vez junto con la exposición “Vestir la represión” en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO) en Guadalajara.”

Vestir la represión es una exposición que recurre a distintos formatos museográficos para discutir la memoria sobre una parte de la vida social y política que vivió México entre 1968 y 1978, dentro del periodo conocido como la “guerra sucia”, que comenzó en los años 60 y terminó en los años 90 del siglo XX. Se construye con archivos sonoros, audiovisuales, documentales, fotográficos e incluso con indumentaria urbana de esa época.

El periodo de la represión, recientemente caracterizado como terrorismo de Estado, comenzó en la década de los sesenta y se extendió hasta los años noventa, aunque su mayor auge fue después de la matanza de estudiantes el 2 de octubre de 1968, cuando parte del movimiento social se vió orillado a la toma de armas y a sumarse a grupos guerrilleros tanto rurales como urbanos. Algunas de las organizaciones guerrilleras mexicanas de la época fueron la Liga Comunista 23 de Septiembre, la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria y la Brigada Campesina del Partido de los Pobres de Lucio Cabañas.

La muestra museográfica se pensó desde una perspectiva amplia del derecho a la verdad, con el fin de conocer a las víctimas, a los responsables de las violaciones a los derechos humanos, es decir, a los perpetradores, y el contexto en el que se dieron dichas violaciones.

Visibilizar y escuchar a las víctimas

Las cartas sonoras realizadas por familiares y colegas de las víctimas fueron la pieza principal de la exposición, mediante el diseño sonoro a cargo de Gil Domínguez, productor radiofónico y profesor del ITESO. Él creó escultura sonora con distintos niveles que incluyeron sonido ambiental, comerciales de la época y las voces de las personas que grabaron las cartas sonoras “correspondencias para la ausencia”, realizadas a través de los talleres de memoria con perspectiva psicosocial. Durante la exposición, la atmósfera sonora se reprodujo de modo independiente desde distintas bocinas generando una ambientación dinámica en todo el recorrido de la exposición.

“La exposición fue pensada para que estudiantes y miembros de la comunidad universitaria tuvieran un acercamiento personal con el periodo de violencia de Estado en México.”

Nombrar a los perpetradores


Por otra parte, conocimos a los perpetradores a través de los archivos de la represión, archivos de la Dirección Federal de Seguridad (DFS), Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales (DGIPS), Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y otras organizaciones policiacas del Estado mexicano consultados por la Comisión de la Verdad del Estado de Guerrero entre 2012-2014 y después puestos a disposición pública a través de la plataforma archivosdelarepresion.org.

Los documentos seleccionados ejemplifican el uso de eufemismos, recursos que estas policías y el régimen represor de la época ocupaban para referirse a las personas torturadas, ejecutadas y desaparecidas e incluso arrojadas al mar durante los llamados “vuelos de la muerte”, nombrándolos de otras formas. A modo de ejemplo, muchos de los textos se refieren a “paquetes” para nombrar a las personas detenidas-desaparecidas o a “interrogatorio severo y estrecho” para referirse a sesiones de tortura. Esta sección dentro de la exposición tiene el objetivo de que el público interactúe con los archivos e identifique estos eufemismos, dejando una marca o señalamiento del mismo dentro de la exposición.

También se incluyeron fotografías de los archivos de la represión y del medio Fábrica de Periodismo –que facilitó los archivos visuales del Plan Telaraña y los vuelos de la muerte que están en su posesión. Por otra parte, el Comité 68 Pro Libertades Democráticas, compartió al menos 200 fotos de la represión –incluidas las que utilizó el director mexicano Alfonso Cuarón para reconstruir escenas en la película Roma. Dichas fotografías fueron adquiridas por uno de los integrantes del Comité 68 que fue torturado durante ese periodo, quien identificó un archivero en un mercado de pulgas entre la CDMX y el Estado de México, idéntico a los que había en el lugar donde lo torturaron. Al comprarlo lo abrió, y descubrió que estaba lleno de documentos y fotografías inéditas, tomadas por los perpetradores.

También se incluyó una foto icónica que muestra la detención-desaparición de Jorge Reyes Mayoral –publicada el 27 de agosto de 1977 en Jalisco por el periódico El Informador. Esta fotografía muestra el momento en que el señor Reyes Mayoral, padre de un joven militante de la Liga Comunista 23 de Septiembre es detenido por agentes estatales y hasta la fecha seguimos sin conocer el paradero de Jorge Reyes Mayoral, padre de Rubén Mayoral.

Por último, se solicitó al Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, AC (Centro Prodh), la recreación documental “Vuelos de la muerte, una reconstrucción audiovisual”, realizada en colaboración con SITU Research sobre los, la cual retrata los viajes de exterminio que partían de la base aérea militar Pie de La Cuesta, en Acapulco, Guerrero.

“ Se expuso indumentaria de la época, fotografías y testimonios de víctimas del periodo de violencia estatal.”

La indumentaria de la época


La exposición incluye piezas de colección de ropa, zapatos y demás objetos de la década de los setentas y ochentas en México, pertenecientes a Vanesa Robles, integrante del Centro Universitario por la Dignidad y la Justicia “Francisco Suárez, SJ” del ITESO. Dicha colección incluye el uniforme de uno de los altos mandos señalados de dirigir las células represivas: Arturo Durazo Moreno, quien fue miembro de la Dirección Federal de Seguridad, y posteriormente fue jefe de la Dirección General de Policía y Tránsito (DGPyT) del entonces Distrito Federal entre 1976 y 1982. Vanesa encontró esta pieza en un mercado de pulgas (mercadillo) con una nota de tintorería a nombre de Durazo.

Algunos de los objetos e indumentaria contienen dispositivos de audio con el fin de generar un ambiente sonoro interactivo con el público, además que había la posibilidad de tocar y probar las piezas en exposición.

La curaduría de la exposición estuvo a cargo de Brenda Valdés Rosas, responsable de la Galería Universitaria del Centro de Promoción Cultural del ITESO, quien combinó los temas de arte, museos y derechos humanos con la urgencia de crear espacios innovadores y llamativos que conecten con las nuevas generaciones.

La exposición Vestir la Represión, tiene el objetivo de que las personas sean empáticas y se pongan en los zapatos, se sientan en la piel de las personas jóvenes de aquel entonces. La indumentaria no tiene sólo el propósito expositivo sino que cuenta con elementos históricos de ese periodo, elementos de rebeldía y resistencia a la maquinaria aplastante de la represión estatal.

La muestra Vestir la represión ha sido expuesta del 19 de agosto al 13 de septiembre de 2024 en la galería del Iteso en Guadalajara, Jalisco, y en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco (CCUT) del 23 de abril al 23 de junio de 2025 en la Universidad Nacional Autónoma (UNAM) en la Ciudad de México, posteriormente se expondrá en el Museo del Periodista en Guadalajara, Jalisco de agosto a diciembre de 2025. Actualmente la muestra ha adquirido la característica de convertirse en exposición itinerante abierta a establecerse temporalmente en diversos sitios, dirigida a diferentes públicos.

Talleres de bocetos de murales en San Andrés y Analco

Artistas urbanos de Guadalajara lideraron junto con los sobrevivientes y a través de talleres en el centro cultural Casa Quinqué, la elaboración de una serie de murales en lugares emblemáticos de la ciudad.

El proceso de creación de un mural desde las primeras ideas es fundamental en la construcción colectiva de un espacio o resignificación de memoria. Priorizamos en este proceso el acompañamiento a familiares de víctimas y sobrevivientes de graves violaciones a los derechos humanos en Guadalajara con una serie de talleres prácticos con metodología de participación, cuyo objetivo fue recuperar las ideas personales y colectivas para convertirlas en una propuesta gráfica y artística a cargo de tres jóvenes muralistas locales, agrupados en el proyecto cultural “Casa Quinque”. El resultado de estos talleres fueron cuatro propuestas gráficas de pinturas mural, mismas que fueron discutidas y transformadas hasta llegar a la elaboración de los murales, tres en el barrio de San Andrés y uno en Analco, Guadalajara, Jalisco.

  • La primera sesión consistió en desarrollar técnicas de educación popular a través del llamado “teatro del oprimido” del pensador Augusto Boel, recuperadas por la consultora Karina Casilla. Se trabajó con familiares de víctimas y sobrevivientes con el fin de ocupar el teatro para analizar y transformar las vivencias de opresión y violencia en imágenes gráficas a través de los cuerpos. De esta manera, surgieron diversas ideas que fueron recuperadas gráficamente, mismas que sirvieron de insumos para la elaboración de los cuatro murales realizados por tres artistas locales: Roberto Navarro Becerra “Reor” @reor91, Gallo Morales @elgallomorales y Jorge Ismael Delgado López “Afro” @Vida__una.
Posteriormente, se trabajó con documentos de archivos, principalmente periódicos de la época locales con el fin de identificar narrativas hegemónicas y problematizar qué ideas colectivas o experiencias personales se querían plasmar en los primeros bocetos. En las siguientes sesiones se trabajaron las ideas plasmadas y se comenzó a discutir con propuestas concretas sobre los bocetos. Este ejercicio de discusión no fue fácil, ¿qué se debe o no dejar?, ¿Cuál iba a ser el mensaje principal?, ¿Qué hecho es más o menos importante o más significativo? A pesar de los retos por discutir las ideas y el simbolismo gráfico de las mismas se fue avanzando en acuerdos entre los artistas y el colectivo de familiares y sobrevivientes.

Panorámica del primer mural realizado por los artistas con el acompañamiento de las personas sobrevivientes.

Primer mural 

Este mural fue realizado con los recuerdos y la historia de las y los compañeros que fueron protagonistas de la lucha estudiantil, hace más de cincuenta años en Guadalajara, Jalisco, cuando nació el Frente Estudiantil Revolucionario (FER). Refleja el origen del movimiento social conformado en la ciudad de Guadalajara en la década de los setentas. Muestra la migración campo-ciudad en los barrios populares en Guadalajara. El movimiento estudiantil y el derecho a la educación como centro fundamental de la lucha social en la época. Se plasman los orígenes de la lucha por la democratización de la Universidad de Guadalajara, con la creación del Frente Estudiantil Revolucionario (FER), y la organización estudiantil para demandar el cumplimiento del Artículo 3° de la Constitución, el derecho a la educación, principalmente a jóvenes obreros, campesinos, es decir, una educación de carácter popular en un contexto álgido del movimiento político en Jalisco y en el país.

El mural se encuentra en el Jardín de Niños “Silvano Barba”, a un lado de la escuela primaria “Lázaro Cardenas”, la escuela principal del Barrio de San Andrés, donde estudiaron la mayoría de los miembros de la Liga Comunista 23 de Septiembre, provenientes de Guadalajara, Jalisco. El mural se encuentra en la esquina de la Av. Javier Mina 968 y la Avenida Felipe Ángeles del Barrio de San Andrés, Jalisco. Fue realizado de manera colaborativa por Roberto Navarro Becerra “Reor”, Gallo Morales y Jorge Ismael Delgado López “Afro”, con la participación del barrio, incluídas maestras, vecinos y estudiantes.

Segundo mural

Este mural es un homenaje a dos momentos emblemáticos de la lucha social en la década de los setentas en Guadalajara, Jalisco. La primera parte representa el funeral de Arnulfo Prado Rosas “El Compa”, tras su asesinato por miembros de la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG). Arnulfo Prado Rosas “El Compa” era el principal dirigente estudiantil del Frente Estudiantil Revolucionario (FER), y miembro de los “Vikingos”. Ambos grupos políticos llegaron a extenderse a otras colonias de Guadalajara, como San Andrés, Santa Tere y Chapalita. Estos grupos fueron de los primeros intentos de las juventudes tapatías por cambiar la idea del estudiante alineado al régimen político totalitario. Tanto el FER como los Vikingos fueron grupos críticos y disidentes, el primero conformado por estudiantes de la Universidad de Guadalajara, y el segundo en su mayoría por jóvenes de origen popular, principalmente del barrio de San Andrés, quienes se organizaban en la búsqueda de espacios de representación en la UdG, y mejores condiciones de vida para sus comunidades.

Por su parte, la FEG se caracterizó por ser el brazo represor del movimiento estudiantil en la época, financiado por el régimen con el fin de desmovilizar y agredir a estudiantes opositores en Jalisco en un contexto de politica anticomunista y de persecución política a estudiantes en la década de los sesentas y setentas.

En el mural se muestra cómo miembros de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) y de la FEG acorralaron a los estudiantes, miembros del FER y de los Vikingos con el fin de realizar detenciones en el Panteón de San Andrés, por lo que se muestra una barrera de mujeres, quienes se organizaron para proteger y evitar la represión y detención de los jóvenes asistentes al entierro de su compañero.

La segunda parte del mural está dedicada a esas mujeres: compañeras, hermanas y principalmente a las madres de personas desaparecidas, quienes denunciaron la desaparición forzada de sus hijos e hijas por parte del Estado mexicano. Mujeres organizadas en el Comité Pro Defensa de Presos, Perseguidos, Exiliados y Desaparecidos Políticos en Jalisco. En el mural podemos ver los rostros de madres que acompañaron la lucha política de sus hijas e hijos, y también buscaron justicia, podemos ver los rostros de María Pérez Mora, madre de Enrique Pérez Mora “El Tenebras”, Graciela López, madre de Mario Álvaro Cartagena López “El Guaymas”, Antonia Espinoza Alatorre, madre de Francisco Mercado Espinoza, desaparecido por el Estado mexicano el 10 de febrero de 1977, Margarita Enriquez, madre de Saúl Meza Enriquéz, desaparecido por la Brigada Especial, el 20 de diciembre de 1977, así como el rostro de Virginia Tirado, madre de Tomás Lizárraga Tirado “El Tom de Analco”, por ilustrar a algunas de las “doñas”, fundamentales para comprender la historia de la desaparición y la lucha por los derechos humanos en México.

Este mural fue elaborado por Jorge Ismael Delgado López “Afro”con la participación de ex combatientes y vecinos del barrio de San Andrés. Se encuentra ubicado sobre la calle Valentín Gómez Farías esquina con Javier Mina, San Andrés, Guadalajara, Jalisco.

Panorámica del segundo mural realizado por los artistas con el acompañamiento de las personas sobrevivientes.

Panorámica del segundo mural realizado por los artistas con el acompañamiento de las personas sobrevivientes.

Tercer mural

Pedro Orozco Guzman “Camilo” y Enrique Perez Mora “El Tenebras”, fueron dos de los dirigentes del Frente Estudiantil Revolucionario (FER) y de la Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S) en Jalisco, están representados en este tercer mural.

En medio del mural se encuentra un corazón con el que se ilustra la voluntad de decenas de jóvenes para cambiar el sistema político y social de la época; A través de la frase “Yo vengo ofrecer mi corazón” las y los sobrevivientes quisieron representar esos ideales.
A su vez, este corazón representa el lazo y cariño revolucionario entre María Mora “Gervasia” y su hijo Enrique Pérez Mora “El Tenebras”, ya que posteriormente al asesinato del Tenebras el 16 de junio de 1976, los compañeros lograron obtener el corazón de Enrique, como un gesto hacia la señora María Mora.

“Mi abuela María guardó en un frasco, hasta su muerte, el corazón de mi papá.
Cuando él murió en Culiacán, su cuerpo fue trasladado a Guadalajara sin embalsamar. Ahí sus amigos del barrio lo llevaron a la casa de estudiantes donde vivían y lo comenzaron a limpiar y tomaron el corazón y lo colocaron en un frasco de café y se lo entregaron a mi abuela, porque a ellos “El Tenebras” les dijo que su corazón era de su madre”.

Cabe mencionar que María Mora, conocida por el movimiento armado como “Gervasia”, fue crucial y de un apoyo inigualable a la guerrilla. Convirtió su hogar en un refugio para las y los compañeros del movimiento armado. Además, acompañó de cerca la demanda de justicia para las y los presos políticos, así como la búsqueda de personas desaparecidas a través de la organización de las doñas en Jalisco. El término “doñas”, se refiere a las mujeres y madres buscadoras, pioneras en la década de los setentas, quienes denunciaron la desaparición forzada de sus seres queridos en manos del Estado mexicano.

Otro elemento de este mural es la representación de la realización y distribución del “Periódico Madera”, por parte de militantes y simpatizantes del movimiento armado socialista entre las décadas de los setenta y ochenta. El “Periódico Madera” fue el principal órgano de difusión clandestino de la Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S). Su nombre proviene del asalto al cuartel de Madera, en Chihuahua, en 1965. Este periódico era el órgano central de comunicación para la organización, difundiendo información sobre sus acciones, luchas sindicales, estudiantiles y campesinas, así como textos de formación política interna y críticas a la izquierda de la época.

Este tercer mural se encuentra ubicado en la calle Aurelio Ortega esquina con San Andrés, en Guadalajara, Jalisco. Fue realizado por Roberto Navarro Becerra “Reor”, y por vecinos del barrio de San Andrés, y por sobrevivientes y familiares en Jalisco.

Panorámica del segundo mural realizado por los artistas con el acompañamiento de las personas sobrevivientes.

Panorámica del segundo mural realizado por los artistas con el acompañamiento de las personas sobrevivientes.

Cuarto mural

El último de los murales está dedicado a varios de los miembros de la lucha estudiantil y del movimiento armado socialista en Jalisco. Se resalta la figura de  Tomás Lizárraga Tirado “El Tom de Analco”, de Héctor Miguel Topete Díaz “El Nabor”, de Wenceslao Ochoa Martínez “El Wences” y de Juan Manuel Rodríguez Moreno “El Clark”, cuatro jóvenes estudiantes que cayeron en la lucha participando en el movimiento armado de la década de los años 70’s. También se destaca la foto icónica del periódico El Informador, quien muestra gráficamente el secuestro del señor José Reyes Mayoral Jáuregui, quien fue detenido-desaparecido en su domicilio en Guadalajara, el 23 de agosto de 1977 por elementos de la “Brigada Blanca”, grupo especial de Dirección Federal de Seguridad (DFS).

“Su caso es ejemplar a nivel nacional porque se trata probablemente de la única detención-desaparición forzada de la que hay testimonio fotográfico gracias a una imagen captada por un fotógrafo. La imagen con la detención del señor Mayoral fue publicada en El Informador el 24 de agosto de 1977 en la página 6-A. El fotógrafo cubría lo que parecía un operativo policiaco, pero en realidad se trató de un hecho que forma parte de la llamada “Guerra Sucia operada” por el Estado mexicano en contra de grupos y personas que consideraba disidentes políticos”

Circuito de Memoria “Enrique Pérez Mora”

 

Desde hace unos años el colectivo “Rodolfo Reyes Crespo” y el colectivo Memoria y Resistencia “Francisco Mercado Espinoza” han resignificado espacios de memoria en sitios en el que sucedieron hechos trascendentales en la lucha política en el periodo de Violencia de Estado en la Ciudad de Guadalajara, principalmente en el barrio de San Andrés. 

Tras la elaboración de los cuatro murales, dichas expresiones artísticas se incorporan al Circuito de Memoria nombrado Enrique Guillermo Pérez Mora “El Tenebras”. 

La ruta de la memoria comprende también los siguientes puntos geográficos:

  • El Parque San Rafael en el barrio San Andrés era uno de los espacios de encuentro de la pandilla del barrio “Los Vikingos”. En ese lugar se podía hacer deporte y conversar sobre las diferentes realidades que vivían las y los jóvenes de la época en Jalisco y en el país. Ahí se instauró la biblioteca ambulante, que fue una herramienta de encuentro cultural, donde se compartían cuentos, novelas, y libros sobre temas sociales de interés para las juventudes.
  • El Panteón de San Andrés, en donde descansan los restos de varios compañeros luchadores sociales o quienes fueron parte del movimiento social en Guadalajara, Jalisco. Entre ellos, dos dirigentes asesinados por el Estado mexicano, Enrique Guillermo Pérez Mora “El Tenebras” y Arnulfo Prado Rosas “El Compa”, quienes fueron parte del Frente Estudiantil Revolucionario (FER) y de la Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S).
  • Los murales de la calle Francisco Javier Mina. Estos murales fueron creados por el artista urbano “Júpiter”, y hacen alusión a la fuga del Penal de Oblatos, incluyendo los rostros de quienes se fugaron de la cárcel ese 22 de enero de 1976, así como compañeras desaparecidas, como Alicia de los Ríos Merino. Este mural evoca la importancia de preservar la memoria de aquellos que lucharon por una causa justa y al mismo tiempo, denuncia las injusticias que se viven aún en tiempos actuales.
  • El Penal de Oblatos, hoy parque Ex Penal de Oblatos. Este espacio fue importante dentro del circuito de memoria, ya que dentro de esta cárcel se encontraba el “Departamento G”, conocido como el Rastro, cuyo punto fue asignado para la reclusión de los presos políticos, principalmente miembros de organizaciones guerrilleras como las Fuerzas Revolucionarias Armadas del Pueblo (FRAP), la Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S) y la Unión del Pueblo (UP). La transformación de este espacio a un departamento de alta seguridad obedeció a la necesidad del Estado de contener a la guerrilla y evitar el contacto de sus miembros con presos comunes del penal. Además, este espacio evoca uno de los episodios importantes de la Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S), es decir, la fuga de Oblatos el 22 de enero de 1976, cuyo operativo fue organizado por esa guerrilla. El ex penal fue demolido en la década de los ochenta.
  • La primaria Lázaro Cardenas del Río. En esta escuela, ubicada en el barrio de San Andrés, se conocieron las y los jóvenes que conformaron el Frente Estudiantil Revolucionario (FER) y la Liga Comunista 23 Septiembre (LC23S). En sus aulas y patios se reforzó la amistad y vínculos de confianza entre los que después serían miembros de las guerrillas.
  • El Antimonumento sobre la Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S) en la Plaza central “Mariano Escobedo” en el barrio de San Andrés. En esta plaza se instaló en 2023 el antimonumento dedicado a la “Liga Comunista 23 de Septiembre”, en el marco de la conmemoración de los 50 años de fundación de esta organización guerrillera que se creó el 15 de marzo de 1973, cuyo nombre se eligió para homenajear el asalto al cuartel Madera en Chihuahua, ocurrido el 23 de septiembre de 1965. Se encuentra en esa plaza ya que el barrio de San Andrés fue el origen y referente organizativo de aquella época en Guadalajara, Jalisco.

Integrantes del colectivo Memoria y Resistencia, conformado por familiares y sobrevivientes de Guadalajara, realizaron el “Circuito de la memoria” con el fin de recordar el legado de lucha y resistencia de los movimientos sociales del pasado.

El Parque San Rafael en el barrio San Andrés era uno de los espacios de encuentro de la pandilla del barrio “Los Vikingos”. En ese lugar se podía hacer deporte y conversar sobre las diferentes realidades que vivían las y los jóvenes de la época en Jalisco y en el país. Ahí se instauró la biblioteca ambulante, que fue una herramienta de encuentro cultural, donde se compartían cuentos, novelas, y  libros sobre temas sociales de interés para las juventudes.

El Panteón de San Andrés, en donde descansan los restos de varios compañeros luchadores sociales o quienes fueron parte del movimiento social en Guadalajara, Jalisco. Entre ellos, dos dirigentes asesinados por el Estado mexicano, Enrique Guillermo Pérez Mora “El Tenebras” y Arnulfo Prado Rosas “El Compa”, quienes fueron parte del Frente Estudiantil Revolucionario (FER) y de la Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S). 

Los murales de la calle Francisco Javier Mina. Estos murales fueron creados por el artista urbano “Júpiter”, y hacen alusión a la fuga del Penal de Oblatos, incluyendo los rostros de quienes se  fugaron de la cárcel ese 22 de enero de 1976, así como compañeras desaparecidas, como Alicia de los Ríos Merino. Este mural evoca la importancia de preservar la memoria de aquellos que lucharon por una causa justa y al mismo tiempo, denuncia las injusticias que se viven aún en tiempos actuales. 

El Penal de Oblatos, hoy parque Ex Penal de Oblatos. Este espacio fue importante dentro del circuito de memoria, ya que dentro de esta cárcel se encontraba el “Departamento G”, conocido como el Rastro, cuyo punto fue asignado para la reclusión de los presos políticos, principalmente miembros de organizaciones guerrilleras como las Fuerzas Revolucionarias Armadas del Pueblo (FRAP), la Liga  Comunista 23 de  Septiembre  (LC23S)  y la Unión  del  Pueblo (UP). La transformación de este espacio a un departamento de alta seguridad obedeció a la necesidad del Estado de contener a la guerrilla y evitar el contacto de sus miembros con presos comunes del penal. Además, este espacio evoca uno de los episodios importantes de la Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S), es decir, la fuga de Oblatos el 22 de enero de 1976, cuyo operativo fue organizado por esa guerrilla. El ex penal fue demolido en la década de los ochenta. 

La primaria Lázaro Cardenas del Río. En esta escuela, ubicada en el barrio de San Andrés, se conocieron las y los jóvenes que conformaron el Frente Estudiantil Revolucionario (FER) y la Liga Comunista 23 Septiembre (LC23S). En sus aulas y patios se reforzó la amistad y vínculos de confianza entre los que después serían miembros de las guerrillas. 

El Antimonumento sobre la Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S) en la Plaza central “Mariano Escobedo” en el barrio de San Andrés. En esta plaza se instaló en 2023 el antimonumento dedicado a la “Liga Comunista 23 de Septiembre”, en el marco de la conmemoración de los 50 años de fundación de esta organización guerrillera que se creó el 15 de marzo de 1973, cuyo nombre se eligió para homenajear el asalto al cuartel Madera en Chihuahua, ocurrido el 23 de septiembre de 1965. Se encuentra en esa plaza ya que el barrio de San Andrés fue el origen y referente organizativo de aquella época en Guadalajara, Jalisco.

Conclusiones

Hablar de memorias en Jalisco, particularmente en la ciudad de Guadalajara, no es una inquietud aislada de un contexto político y cultural en específico, sino la preocupación de comprender las huellas de la represión y resistencia del periodo de violencia de Estado entre las décadas de los setenta y noventa en México. 

Las memorias son espacios de disputa. 

De ahí la importancia de crear y replicar contra narrativas que hagan reflejo del pasado, nos ayuden a comprender el presente y a construir un futuro más justo. Contribuir a esta tarea es fundamental sobre todo en un contexto de continuidad de la violencia y de la crisis de desaparición que dolorosamente atraviesa nuestro país.  Entender el pasado de la represión, es también comprender la violencia e impunidad que hoy continúa, siendo Jalisco una de las entidades con el mayor número de personas desaparecidas en México. 

Guadalajara fue bastión de la lucha social y política entre la década de los setenta y ochenta del siglo pasado. Fue un territorio en donde la organización barrial, comunitaria y estudiantil se convirtió en diversas expresiones del movimiento social, incluído el movimiento armado con el surgimiento de por lo menos, las tres principales guerrillas urbanas:  la Unión del Pueblo, las Fuerzas Revolucionarias Armadas del Pueblo (FRAP), y la Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S). Sin embargo, en aquella época, Guadalajara, Jalisco también fue el bastión del “anticomunismo” enquistado en las filas de la Universidad de Guadalajara, y principalmente en la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG). En este contexto el Estado mexicano respondió con la represión, con la práctica sistemática de desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales, cárcel y tortura con el fin de “exterminar” cualquier oposición al régimen. 

Esta sección está dedicada a todas las personas que nos acompañaron en este proceso. A quienes desde sus herramientas afrontaron, resistieron y nos llenan de privilegio. A quienes día a día hacen memoria, luchan por la verdad y continúan luchando contra el olvido, impunidad e injusticia.

Alejandra Cartagena escribe dos cartas, dirigidas a su mamá, Leticia Galarza Campos, desaparecida el 5 de enero de 1978, y a su hermano adoptivo Mario Álvaro Cartagena López, el “Guaymas”, sobreviviente de desaparición forzada en la década de los setentas.  Alejandra es hija de Leticia Galarza y David Jiménez Sarmiento, ambos militantes de la Liga Comunista 23 de Septiembre (LC23S).